Educación para el Desarrollo y Buenas Prácticas

Pertenecemos a la comunidad global que se encuentra interconectada en múltiples espacios. Desde esta perspectiva, la escuela debe asumir este nuevo reto de conocer esta realidad global, tratando de adaptarse a ella con el mejor posicionamiento.

La educación para el desarrollo, entendida ésta como un enfoque educativo que promueve una ciudadanía global a través de conocimientos, actitudes y valores, capaces de generar una cultura de la solidaridad comprometida en la lucha contra la pobreza y la exclusión, así como con la promoción del desarrollo humano y sostenible, debe potenciar y desarrollar la comprensión crítica de los y las alumnas sobre las interdependencias existentes, de sus responsabilidades a nivel local y global y, del papel que representan en la sociedad como ciudadanos y ciudadanas.

El camino recorrido por la educación para el desarrollo es extenso, si bien y, a nivel Europeo, se pueden destacar los siguientes hitos: en el año 2002 la Declaración de Maastricht sobre Educación Global, en la que se pone en práctica el proceso de definición de la Educación Global; en el año 2005 el Consenso Europeo “sobre desarrollo”, donde se especifica que la Unión Europea se interesará especialmente en la educación para el desarrollo y la sensibilización de los ciudadanos de la Unión y, finalmente, en el año 2012, la Declaración escrita sobre educación para el desarrollo y ciudadanía activa global, en la que el Parlamento Europeo pide expresamente a la Comisión y al Consejo, que elaboren una estrategia europea multisectorial a largo plazo para la educación, la sensibilización y la ciudadanía global activa en materia de desarrollo.

En la legislación educativa estatal se hace expresa referencia a la educación para el desarrollo como un fin de la educación. Entre otros, estos serán la formación para la paz, el respeto a los derechos humanos, la vida en común, la cohesión social, la cooperación y solidaridad entre los pueblos, así como la adquisición de valores que propicien el respeto hacia los seres vivos y el medio ambiente, en particular al valor de los espacios forestales y el desarrollo sostenible.

El Premio Nacional de Educación para el Desarrollo “Vicente Ferrer”, convocado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el desarrollo (AECID) y cogestionado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, distingue estas iniciativas. El trabajo que los centros premiados han ido realizando desde el año 2009, ha quedado plasmado en varias publicaciones que recogen las buenas prácticas premiadas, las cuales, pueden ser orientadoras del trabajo que se puede llevar a cabo en el aula.