La primavera la metodología del aula itinerante altera. Programa de Aulas Itinerantes en Circos

Es el lema que estos días ocupa la mente de los maestros del Programa de Aulas Itinerantes en Circos. Año tras año estos docentes comprueban cómo, ante la llegada del buen tiempo, el espacio limitado del aula-caravana se antoja aún más pequeño.
El invierno fue un aliado durante los meses más fríos porque los alumnos vivían el aula-caravana como un refugio ante la adversidad climatológica que tan directamente padece la comunidad circense. Con el calor de la estufa y el sonido de la lluvia de fondo, el hecho de trabajar y aprender amparados por el espacio de un aula resultaba ser una opción grata y estimulante.
Sin embargo, con la llegada del buen tiempo, sortear el espacio entre caravanas para llegar al aula itinerante ha dejado de ser una carrera de obstáculos, en forma de charcos y barro, para transformarse en una tentadora alfombra de hierba hacia el espacio exterior. Por eso, salir a explorar el mundo que hay más allá de las vallas del circo surge como necesidad vital para grandes y pequeños.

Dibujo realziado por un alaumno de circoCon este escenario nuestros docentes comprueban anualmente que las dinámicas de trabajo que habían demostrado ser funcionales en los días de invierno empiezan a tambalearse y que deben convertir el obstáculo en oportunidad. Por eso, ajustan su metodología a las condiciones climáticas y, a partir de estos meses, dan aún mayor protagonismo a las didácticas que potencian la construcción del conocimiento íntimamente unido a la experiencia vital que facilita la vida itinerante. Así, fomentan la actividad escolar en los espacios cambiantes y poco convencionales que son el contexto cotidiano de estas aulas. Se les puede ver trabajar los ecosistemas al pasear por uno de ellos, diferenciar los cirros y estratos tumbados en la hierba observando las nubes, o improvisar un aula de naturaleza bajo la sombra de un árbol porque es el enclave idóneo para observar la migración de las aves. En este contexto, la función del maestro adquiere esa virtualidad de ser conductor y guía de un proceso protagonizado por el alumno pero que requiere del docente la tarea de organización del ambiente y de los recursos de la realidad que les circunda para que contribuyan, eficazmente, al aprendizaje significativo y a que sean los propios alumnos los constructores del conocimiento.
Un apasionante reto para estos comprometidos docentes del Programa de Aulas itinerantes en Circos.