Los libros se van de vacaciones.

Los servicios de extensión bibliotecaria son actividades que, desde las bibliotecas, se proponen como alternativas a su concepto tradicional, sirviendo así para establecer, fomentar u optimizar las relaciones entre los usuarios y las bibliotecas. Se consideran actividades de desarrollo cultural y, entre ellas, podemos encontrar el bibliometro y bibliobús, servicios consolidados en la mayoría de las grandes ciudades, y desde hace unos años, las bibliopiscinas y biblioplayas.

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A través de estos servicios de verano, las bibliotecas públicas siguen cumpliendo su función, animar a la lectura presentando una oferta cultural atractiva, adaptada al medio y la estación. Además, se convierten en un atractivo turístico que hace llegar el ámbito literario a todos los sectores de la población que no están acostumbrados a acudir a las bibliotecas.

Con estas actividades de extensión bibliotecaria y cultural en este periodo estival, se pretende que el usuario pueda consultar, hacer préstamo, e incluso, obtener el carnet de socio. Este tipo de bibliotecas ofrecen un amplio catálogo de cuentos, novelas y cómics de diversas temáticas y géneros, aunque lo más destacado es la literatura ligera, para amenizar los momentos de relax en la arena o el césped. El catálogo, asimismo, cuenta con prensa y revistas para complementar la lectura como actividad de ocio.

Comunidades Autónomas como Cataluña5387288443_cdf1cfc078_o cuentan con más de 60 municipios con este servicio bibliotecario estival, en playas, piscinas, jardines, estanques y terrazas. Asturias es otro ejemplo a seguir en el refuerzo de la alianza entre lectura y ocio. Sus biblioplayas, que cuentan con un fondo bibliográfico de más de 500 títulos, ofrecen cursos y talleres infantiles y juveniles, para la promoción y el fomento a edades tempranas.

La Comunidad Valenciana, Andalucía y Murcia se suman a esta propuesta cada vez más habitual en los litorales españoles. No obstante, las Comunidades de interior, también ponen a disposición de los bañistas, la bibliopiscina. Un ejemplo es en Castilla y León. Municipios como Peñaranda de Bracamonte, en la provincia de Salamanca, es una de las localidades con más años de trayectoria a sus espaldas, ofreciendo casi 400 títulos en sus instalaciones. O Valladolid, otra de las ciudades que se suman a esta interesante actividad para llevar el fomento de la lectura más allá de las cuatro paredes de las bibliotecas, y es que la ciudad natal de Miguel Delibes, cuenta con la Biblioteca de verano Campo Grande, ubicada en un parque público, con los pavos reales como telón de fondo. maxresdefault

Desde Leer.es esperamos que estos nuevos servicios que se presentan como una adaptación a las necesidades sociales y al contexto veraniego, sean un referente para acercar actividades de animación, fomento, promoción y cultura del libro y las bibliotecas a todos los públicos.