¿Existe relación entre la competencia emprendedora y la madurez personal?

Los sujetos con una identidad personal más lograda (con mayor nivel de madurez) reúnen mejores condiciones para emprender. De modo que el nivel de logro de la identidad personal está situado en el corazón mismo de una auténtica educación emprendedora. Esto implicaría cuestionar que educar para emprender esté exclusivamente relegado a la dimensión económica.

Con el propósito de saber qué piensan los estudiantes al final de la etapa de educación obligatoria sobre su formación como sujetos emprendedores en el ámbito escolar, se ha realizado una investigación (“Competencia emprendedora e identidad personal. Una investigación exploratoria con estudiantes de Educación Secundaria Obligatoria”) en ocho centros (públicos y privados) a una muestra de 317 escolares al final de la Educación Secundaria Obligatoria. En este análisis se han considerando como factores relevantes el género, la titularidad del centro educativo y su estatus de identidad personal.

tabla2_bernalLos nuevos escenarios internacionales están caracterizados por la denominada “globalización”. Así, se trata de un desafío global y permanente en el que hay que hallar las respuestas válidas para un mundo distinto y en mutación constante. En este sentido, desde 2006, con la inclusión de las competencias básicas en el sistema educativo, hay una preocupación evidente por conectar el sistema escolar con el mundo laboral y productivo. En la Unión Europea se ha extendido el uso del concepto “entrepreneurship” (espíritu emprendedor), tratando precisamente de desarrollar una cultura emprendedora en términos básicamente económicos, perspectiva incrementada por la primera gran crisis económica del siglo XXI. De manera que la nueva “cultura emprendedora” corre el riesgo de quedar lastrada por un sesgo economicista. Sin embargo, sin olvidar esta legítima e importante dimensión, la competencia emprendedora puede contemplarse como una gran competencia para la acción humana (política, laboral, ética, social…), encerrando valores de orden intelectual, social y moral. O dicho de otro modo, podríamos afirmar que la educación emprendedora alberga una dimensión económica, pero también una dimensión personal que abarca otras esferas del desarrollo del sujeto.

Utilizando técnicas e instrumentos propios de metodologías cuantitativas y cualitativas y focalizadas en los estudiantes, la investigación realizada se ha centrado en cinco categorías básicas de la competencia emprendedora: habilidades sociales, capacidad operativa de la iniciativa, capacidad emprendedora, autoconciencia del valor de la iniciativa y formación de la competencia.

De la investigación podríamos extraer como conclusiones de interés más general las siguientes:

  • El cultivo de la madurez personal (logro de identidad) es la mejor vía para conseguir un impacto profundo de la educación para el emprendimiento. Lo cual significa prestar atención especial a lo que cuenta como una buena educación, algo que va más allá del ámbito estrictamente cognitivo-académico, alcanzando al resto de dimensiones de la persona. El sistema escolar no parece haber caminado precisamente en esta dirección.
  • Más allá de una consideración restringida al ámbito operativo de la autonomía y la iniciativa personal, la competencia emprendedora está ligada a la construcción misma de la identidad del sujeto.

Al hilo de esta reflexión, se recomienda la escena de la película: “El Club de los Poetas Muertos” (1989) que habla de la importancia de la identidad.

Antonio Bernal Guerrero. Universidad de Sevilla

Fuente imagen de cabecera: Flickr de madrideducacion.es